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El calvario vecinal de vivir cerca de construcciones abandonadas

El calvario vecinal de vivir cerca de construcciones abandonadas

Los frentistas dicen que son un factor de inseguridad, peleas, ruidos molestos y suciedad

Sumidas en el olvido desde hace años, y casi invisibles para la mayoría de los transeúntes ocasionales, las construcciones abandonadas representan, sin embargo, un verdadero calvario para los vecinos que viven a escasos metros de esos descuidados espacios. Se trata de propiedades o edificios en construcción que, abandonados a su suerte, se han convertido en refugios temporales para personas en situación de calle, “aguantaderos” o punto de reunión para el consumo de alcohol y drogas.

Ventanas tapiadas con ladrillos, persianas cerradas con candados y placas de chapa ocultando los frentes, son algunos de los signos que delatan este tipo de edificios. También el entrar y salir furtivo de personas -normalmente durante la noche-, cuyo accionar colma de preocupación a los vecinos.

Es el caso, por ejemplo, de lo que ocurre en calle 45 entre 11 y 12, donde hay un obrador abandonado que días atrás quedó en la mira de todos. Fue cuando se buscaba desesperadamente a Florencia, una joven que estaba desaparecida y finalmente fue hallada en Punta Lara.

Entre incendios y peleas

“Esto está abandonado desde hace más de 10 años, y siempre tuvo gente viviendo adentro”, contó Alexis Belvedresi, quien trabaja en un kiosco en la misma cuadra. “Antes de que lo cierren, los vecinos estaban bastante preocupados, porque hubo casos de incendios, peleas entre los ocupantes y algunas situaciones que incomodaron bastante”, explicó el joven.

En coincidencia, el encargado de un edificio de la cuadra, que prefirió mantener su nombre en reserva, comentó que se habían producido varios casos en los que las chicas que llegaban temprano a la mañana, antes de las siete, fueron molestadas e incluso perseguidas por personas alcoholizadas o bajo la influencia de drogas. “La mayoría (de los ocupantes) eran personas calmas, pero también había algunos que nos ponían intranquilos y nos hemos asustado bastante”, explicaron.

Para María Claudine Hernando, la situación es mucho más amenazante. De hecho, en su casa de avenida 7 robaron delincuentes que ingresaron a la propiedad a través del edificio semi derruido contiguo a su hogar.

Según contó la vecina, en el terreno ubicado sobre la avenida 7 a pocos metros de 40, solía haber una propiedad que luego de una sucesión fue adquirida y evacuada por sus nuevos dueños. Luego, “los que compraron el predio hicieron una demolición encubierta”, denunció la vecina, que en su momento realizó los debidos reclamos a las autoridades comunales.

“Pensaban hacer un edificio pero nunca empezaron a construir”, recordó Hernando. Fue así que detrás de chapas y una fachada a medio demoler, se esconde un terreno lleno de escombros que ha permanecido así durante años, mientras se define su destino.

A lo largo de todo ese tiempo, según cuenta la frentista, el lugar fue punto de encuentro para un sinfín de personas que arriban cuando el sol comienza a caer, lo que altera y asusta a los vecinos, quienes sienten inquietud al volver a sus casas.

“Se meten más que nada con las mujeres, y te da miedo volver sola a la noche”, confesó la frentista, que con ayuda de su hijo cerró con una gruesa cadena y un fuerte candado la puerta de chapa y reforzó con maderas y clavos los accesos del vallado.

A merced del delito

Sin embargo, las medidas llegaron muy tarde, tanto para ella como para los dueños de un comercio aledaño al terreno en cuestión, que fueron víctimas de robos a manos de ladrones que ingresaron a través de la construcción abandonada. En el caso de Hernando, utilizaron escaleras para acceder a su terraza y luego ingresar a su domicilio.

Pese a que realizó varias denuncias policiales, la vecina aseguró que la gente sigue entrando “todo el tiempo”, y teme por su seguridad.

Igual temor comparten los vecinos de calle 46 entre 1 y 115. Aunque de día la presencia del complejo universitario cercano asegura un tránsito fluido de gente, durante la noche la escenografía urbana del barrio cambia por completo. En ese entorno, la presencia de una fábrica abandonada en la esquina de 115 es epicentro de preocupaciones.

Detrás de las paredes tapizadas de grafitis y vidrios rotos de la gigantesca estructura, solo se escucha el ladrido de varios perros, que reaccionan cuando alguien pasa caminando delante del antiguo portón de acceso. Los vecinos dicen que en el lugar hay ocupantes. Aseguran que les preocupa que por la noche sale la gente del edificio y por eso a muchos les “da miedo” volver a su casa caminando.

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